Ave, Novak

Hijo de dueños de una pizzeria y criado en la devastada Serbia de la posguerra, Novak Djokovic se convirtió en 2011 en Nº1 del mundo entre un gran revuelo mediático asociado al descubrimiento un año antes de su celiaquía. Lo cierto es que hay mucho mito alrededor de su dieta.

Frecuentemente se omite que los problemas que padeció hasta el año 2011 no se deben en exclusiva a un problema con el gluten. En su libro ‘El secreto de un ganador‘ queda claro que sufre una mezcla de diferentes sensibilidades a diversos alimentos, además de sufrir fuertes ataques de asma que lo dejaron fuera de combate en multitud de ocasiones antes de ser tratado.

En 2005 durante un partido contra Guillermo Coria en el Abierto de Francia tuvo que retirarse en el tercer set por uno de estos ataques. En sus propias palabras: “mis piernas se convirtieron en rocas y no podía respirar“. Tres meses después durante el Abierto de EEUU tuvo que interrumpir el partido contra Gaël Monfils hasta en cuatro ocasiones, de nuevo por insuficiencia respiratoria.

Se sometió a cirugía nasal para mejorar su respiración. Cambió de entrenadores, adoptó nuevos hábitos de entrenamiento y comenzó a realizar yoga y meditación. Y funcionó. Su condición física mejoró notablemente. Ganó su primer Grand Slam en el Abierto de Australia de 2008, pero a pesar del logro los colapsos físicos durante los partidos no desaparecieron.

Diagnóstico

A pesar de las profundas mejoras que experimentó en su rendimiento deportivo a lo largo de 2010 desde el descubrimiento de sus intolerancias, el libro no está exento de afirmaciones esperpénticas que fácilmente pueden ser motivo de alguna que otra sonrisa frente al rigor que se debería esperar, como que el trigo moderno es el causante de muchos problemas “como consecuencia de las manipulaciones genéticas de las corporaciones” (aquí se puede leer un buen artículo al respecto de los mitos sobre los transgénicos).

Se relata, entre otras, cómo el Dr. Cetojevic le diagnosticó de “manera infalible” a distancia en 2010, durante un partido televisado de cuartos de final contra Tsonga en el que Djokovic sufrió un ataque de insuficiencia respiratoria y nauseas que terminaron haciéndole vomitar, augurando “una acumulación de toxinas en su intestino” –aquí se puede leer otro buen artículo sobre la cuestión de las toxinas- y cómo posteriormente, ya en persona, se reafirmó tan sólo poniéndole una rebanada de pan sobre el vientre, ante la cual reaccionó -supuestamente- como si de kriptonita se tratase “manifestando debilidad inmediata al intentar oponer resistencia mientras otra persona empujaba sus brazos“. Recuerda mucho a la famosa demostración de “eficacia” de la mística pulsera Power Balance.

Cuerpo

Sea como fuere, tras someterse a pruebas médicas llegó la confirmación oficial: sufría una fuerte intolerancia al trigo y otros productos habituales, así como intolerancia leve al tomate. Con el diagnóstico, de paso, se le recomendó dejar de tomar lácteos.

Tras adoptar por completo la nueva dieta basada en verduras, legumbres (lentejas y garbanzos principalmente), carne blanca, pescado, frutos secos y aceites “buenos”, en apenas un año perdió aproximadamente 5 kg. que sumado al bienestar de no sufrir los efectos de una intolerancia, marcaron la diferencia entre un atleta cansado de uno ligero, enérgico y alerta. A raíz del cambio, el control y la meticulosidad que comenzó a rendirle a la comida se volvió algo extraordinario, rozando el culto.

Comenzó a comprar de forma muy selectiva todos los alimentos. También a cocinarlos por si mismo. A tal punto llegó la obsesión, que la condición principal para elegir los hoteles en los que se hospeda durante las giras es que le permitan utilizar la cocina. Come despacio, de manera consciente y no se permite consultar el teléfono o ver televisión mientras come. Todo se concentra en el momento: comer.

También cuida los caprichos. Cuando en 2012 venció a un soberbio Nadal en la final del Abierto de Australia -en un interminable partido que duró cerca de seis horas- se le antojó comer chocolate después de 18 meses sin probar bocado. Su fisioterapeuta le consiguió una chocolatina; dio un pequeño mordisco y dejó el resto.

Mente

Yoga family time 🙂 #Monaco

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Pero la alimentación no lo es todo. Hay más factores. El cuerpo es una máquina con un sistema de control muy complejo. Es importante que el “controlador” se mantenga a punto. El cansancio y el estrés son factores que pesan más de lo que podemos pensar en un principio. Y Djokovic lo sabe.

Mantiene una pulcra higiene de sueño -se acuesta y se levanta siempre a la misma hora- y antes de desayunar realiza meditación, yoga y tai-chi para mantenerse en un estado mental positivo durante el resto del día.

Ballet with my wife 🙂 @JelenaRisticNDF

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Sello

La espectacular mejora de Djokovic sembró un precedente. Toda la atención mediática se centró en el cambio de dieta del serbio, dando pie a multitud de rumores místicos acerca de la dieta libre de gluten. Otros deportistas se han sumado a seguir dietas libres de gluten –bajo falsas premisas milagrosas– y la atención por la alimentación ha cambiado tanto que ahora muchos torneos ofrecen comida sin gluten y alternativas a productos susceptibles de sentar malestar a los participantes, incluso utilizando la imagen de Djokovic. Un ejemplo actual es el del Abierto de Madrid 2015, en el que, irónicamente, Djokovic ha decidido no participar.

Conclusión

Las dietas milagro no existen, pero la alimentación lo es casi todo. Nunca se repetirá lo suficiente.

El misticismo no puede enturbiar la realidad con falsos salvadores. En un universo paralelo en el que Djokovic no fuera intolerante a ningún alimento, probablemente también sería campeón del mundo. Realizar ejercicio, meditación o dormir bien son hábitos gluten-free de coste cero. Un celíaco puede tener una vida absolutamente extraordinaria. Sea cual sea nuestro lugar, nuestro bienestar no depende del precio de unas galletas o un saco de harina.

El gluten no es una excusa para no ser campeones.

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